Indignación y Testamento de un Antiguo Habitante del Infierno
Señor Juez:
Esto jamás pensé que pasaría. ¿A ud. le parece? Antes uno podía caminar por estas tierras infernales disfrutando de las oleadas de fuego que, allá abajo en los valles, incendiaba el alma de los impíos. Yo he sido un alma errante toda mi vida y he sufrido todos los tormentos que en este infierno me han tocado, pero esta “nueva ola” es indignante. Uno camina entre restos de electrodomésticos; los demonios ahora se dedican a hacer “bussines” en vez de hacer su trabajo, créame las llamas ya no arden como antes.
En los ríos antes infectados de sangre y alimañas de donde llegaban las almas de los muertos que debían ser condenadas, ahora han puesto un “store” con venta de todo tipo de cosas para que, antes de ser enviados a las sucesivas cámaras de tortura, consuman todo tipo de suvenires que allí venden. Los impíos son recibidos por amables promotoras, porque ahora les llaman asi a los antiguos “demonios de la carne y la lujuria”, que los invitan a pasar a ese acondicionado lugar en donde antes había unas parrillas en la que los condenados eran puestos sobre brasas que ardian pero no quemaban, puesto que eso era sólo una muestra de lo que éramos capaces aquí abajo. Una vez ingresados en ese “store” les cuelgan unos simpáticos collares hechos de huesos (imitación en plástico por supuesto) con calaveritas que sonríen y sacan la lengua. Para no hablarle de las galeras de cotillón color rojo o naranja flúo que les entregan inmediatamente junto con un “mapa del parque de diversiones” cuya atracción principal es el “tren fantasma”.
Entiendo que este ejercicio tedioso de la nostalgia puede no interesarle en absoluto, pero le juro que en mis tiempos la cosa era distinta. El Lucifer, el Angel Caído, el Portador de la Luz, la Estrella de la Mañana, el mismísimo Satanás junto con sus huestes de Comandantes y Generales, recorrían personalmente cada rincón de este sitio. Y guarda que uno no estuviera cumpliendo con el tormento que tenía designado ahí si que la cosa se ponía complicada. Si al pasar los Altos Mandos del infierno uno se había acostumbrado ya al martirio y al dolor, se lo llevaban con unas tenazas de las pestañas hasta la cima del Monte más alto y más antiguo y desde allí lo despeñaban . Mientras iba en caída libre era interceptado por un águila (la misma que devoraba el hígado de Prometeo) quien lo tomaba a uno por el abdómen y el pico del águila lo destrozaba hasta caer uno partido a la mitad. Una vez abajo se encontraba a la orilla de un océano de sangre negra que permanentemente remitía desechos humanos de toda clase. Ahí mismo aparecían unas deformadas criaturas que se llevaban esos restos para fabricar el combustible que alimenta las calderas desde donde se distribuye el fuego que llega a todas partes. Entonces uno, cortado por la mitad, era remitido al taller de los “Viejos demonios Remendones” en donde era cosido con hilo de tendón humano y no le cuento lo que dolía ser atravesado por las agujas que esos brutos despiadados tenían. De ahí al condenado se le reasignaba un nuevo sufrimiento.
Lejos quedaron esos tiempos frente a estos en los que cada región del Infierno ha sido entregada en comodato. Ahora si el condenado, una vez que llega, posee la suficiente solvencia como para franquiciar una parte, región o lote, se sienta en una rueda de negocios en donde se les explica los beneficios de poseer “en exclusividad” alguna de las “oportunidades que quedan en cartera”. Esto es un bochorno, fíjese ud. que el tan temido Satán se presenta con un maletín, como si fuera un agente inmobiliario, y en una sala de conferencias adecuada a tales efectos con un proyector de imagen, les muestra las innumerables propiedades disponibles porque , como lo he escuchado decir habitualmente, “ya nos está quedando muy poco”. Allí, a los poderosos magnates que fueron enviados aquí por sus “pecados en la terrena vida”, convidados con un “excelente catering” y acompañados por unas secretarias que se les provee por el hecho de acceder a esta ronda de negocios, se les exhibe una proyección (de la que no me a trevo a mencionar los famosísimos actores que se prestaron para hacer este filme ) en la que se cuenta cómo desde hace ya muchos años quisieron darle “un impulso nuevo” a este Infierno que estaba siendo cada vez más, un lugar poco habitable.
Le resumo lo que se muestra en ese video: primero comenzaron por construir espacios recreativos para los millonarios que se quejaban por el trato descarnado que se les daba. Entonces al ver que esos lugares eran consumidos más y más, dada la gran cantidad de “nuevos millonarios” que aparecían en la tierra desde la cual se toman las almas que vendrán a este lugar, la industria fue en aumento. Como la capacidad de estos lugares fue colmada empezaron a construir barrios privados en donde estos magnates habitaban y “se codeaban con gente del ambiente”; estos barrios contaban además con seguridad que les proveía el lugar. Esa “seguridad” eran unos demonios terribles, los más despiadados que haya conocido alguien alguna vez, y como ve ellos tambien tuvieron que sacrificarse siendo vestidos con ridículos uniformes. Me acuerdo que uno de ellos se quizo rebelar y terminó, fíjese ud. lo que es el destino, enviado al Cielo en donde fue convertido en ángel guardián de los niños pequeños. Después de eso los otros no tuvieron opción. Luego esa proyección muestra cómo pasaron a la venta indiscriminada de espacios para instalar grandes mercados de abastecimiento, restaurantes de comidas rápidas y edificios dedicados a la estética en general.
Una vez terminada la proyección, los que ya se han decidido por algún ramo de los que se comercializan, firman un contrato de explotación por el que deben abonar un canon a la Oficina de Fiscalización de Espacios Cedidos por “El Infierno S.R.L.”. Allí los felices acreedores a la explotación de estas flamígeras tierras celebran junto a Satán con todo tipo de bebidas y toman fotografías para recordar el evento. Incluso desde hace algunos años (terrestres por supuesto) han ido más allá con este tipo de negocios y crearon lo que se conoce en la tierra como “Cementerios Privados”. ¡Pero mire ud.! Los demonios que antes eran mandados a la tierra a atormentar el alma de los hombres con todo tipo de tentaciones y dudas existenciales ahora tienen el trabajo de difusión y venta de espacios desde los cuales, cuando alguien compra una parcela, una vez muertos llegan en un catamarán a estos lugares, y no por el Río de los Muertos como se hacía tradicionalmente.
Es por esto, Señor Juez, que ya me es imposible seguir aquí en donde a uno ya ni se lo atormenta, ahora a todos los que andábamos más o menos sin rumbo nos han dado la tarea de vestir uniformes y barrer los parques de diversiones que aquí se han instalado. Atendemos los “minishops” de las estaciones de servicio que se han construido y las casas de comidas rápidas, somos empleados en grandes cadenas de hipermercados y entregamos folletos en la entrada del Infierno a los ilustres millonarios que vienen con la esperanza de “poder negociar su estadia en estas tierras”.
En mi vida cometí muchos errores y eso fue lo que me condujo directamente a este lugar en donde antes uno podía ser torturado como es debido. Pero lo que está sucediendo ahora es indignante. Por eso, Señor Juez, dejo escrito de mi puño y letra este testamento final en donde expongo las razones por las que, y respondiendo a una vieja práctica ejecutada hasta hoy allá en la Tierra, pienso suicidarme arrojándome desde el Monte más alto y más antiguo de este lugar en donde ahora funcion a un parque acuático. Así que ahora me voy hasta allá para fingir que voy a utilizar el tobogán acuático y así poder acceder al Despeñadero de las Almas, eludiendo niños en malla y charlatanas mujeres que esperan su turno en dicho tobogán. A ver si de una vez por todas, tengo la suerte de caer y que el águila me destroze con su pico por completo para poder terminar mis días, aunque más no sea, como combustible de estas llamas que ahora han sido ultrajadas, también, por los grandes sistemas de aire acondicionado con que cuentan estas tibias tierras de lo que alguna vez se llamó Infierno.


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